Qué difícil es ser coreano


EDITORIAL TXT @ NEO2, Marzo 2012

Qué difícil es ser coreano

Es Corea del Sur un país extraño. Hace pocas décadas lideraba la lista de los países más pobres del mundo, pero hoy, tras las invasiones, la guerra fraticida que nunca concluyó, la rápida industrialización y las reconstrucciones al estilo american way es por fín, ya si, la paradoja asiática del ultra-capitalismo. ¡Viva! Hoy abraza marcialmente la bonanza de la liberalización total del consumo, la producción tecnológica, la cirugía estética, la música Kpop para adolescentes occidentalizados y el arte bursátil. ¡Hurra! Los coreanos están otra vez en el mapa. ¿Y ahora qué? Pues ahora –dirían ellos- vamos a darle el valor de mercado que merecemos ¿no? Y para esta puesta de largo ningún pulsómetro mejor que el Arte y sus inherentes conceptos de precio y valor (en sus dos acepciones) para saber cómo lo hacen.

Si, ellos lo saben también, el Arte también tiene sus temidas Agencias de Calificación ¡Faltaría más! Pero es que la crisis financiera internacional que ha producido el conflicto del sentido común y la valoración en todos los ámbitos artísticos aún no ha llegado a Corea del Sur, así que el pomposo mundo del Arte aún no ha sufrido allí los efectos de la desconfianza y desilusión del espectador-consumidor. Ellos compran y compran. Compran a todas horas. Pero compran valores seguros dentro de la contemporaneidad del coleccionismo, es decir, los Koons, los Hirsts, los Murakami e incluso los Creed y los cachorros del Turner Prize, que están muy bien calificados y que algunos sabemos contextualizar en la década de la cimentación de la tiranía del mercado donde algunos artistas-brokers han sabido aprovechar su completa vacuidad adolescente… Compran mucho y nada. Porque vaciar el sentido es el reflejo de nuestro tiempo, es el delirio capitalista, es el gran vórtice de mierda que flota en nuestro Pacífico de aguas internacionales, es la pequeña isla de Alicudi donde vive el artista millonario planeando su siguiente gamberrada. Otra más. La que cimente más hondo el status quo del sistema que quizás crea cuestionar y retratar en su estética neoliberal. ¡Qué coñazo! ¡Compro oro! Sólo por eso mueve la billetera un coreano listo. Porque si Corea del Sur quiere estar en primera línea de mercado (y van por buen camino) tienen que copiar lo que ha funcionado, aunque ya haya empezado a rescrebajarse, porque sin duda ellos lo harán mejor, más ligero y más rápido.

Nunca he visto más museos de arte contemporáneo, casi cada ciudad o pueblo coreano tiene el suyo, rellenos de nada, cucuruchos de moda, regalando visitas guiadas a la arqueología refundada del nuevo mercado, generando mitología del capital y del Arte a su servicio. Así se construye un imperio. He estado cuatro meses trabajando en el país más competitivo y occidentalizado de Asia. Los estudiantes de Bellas Artes quieren triunfar en Europa y Estados Unidos y redondearse los ojos. Son la visión del futuro. Y yo que vengo del “pasado”: Pienso en que la crisis puede ser la oportunidad de abrir un nuevo concepto de modernidad alejado del paradigma estético neoliberal. Hablo de la aparición de una necesaria sensibilidad que reaccione al colapso de los sentidos y hablo de re-acción artística contra el mercado, del arte en la cultura popular y del nuevo storytelling. Pero ellos no necesitan escuchar más, olvido que ellos no están en crisis. _ ¡Claro! Ahora tienen dinero ¡Tienen estatus! ¡Y tienen derecho a contaminar! Porque… el desarrollo es eso ¿no? ¿Y es el Arte su verdugo? _ No seas aburrido ¡Viva el Arte idiota! Anda, vamos de la mano a forrarnos, ya sabemos cómo se hace, cierra tu ojos operados y disfruta. _ Uf, qué difícil es ser coreano.

S.M.

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