ARTÍCULO PUBLICADO EN: Sublime Art

"Cuando hablamos de arte urbano inevitablemente también hablamos sobre pintar los límites, sobre la piel dibujada de una ciudad, sobre lo difícil de entrar en un cuerpo -que sea de piedra o no- o sobre lo fácil que resulta romper un muro...Si hablamos de muros también hablamos de los lugares frente a los que se instalan los pelotones de fusilamiento...donde se pinta con sangre y donde el gotelé es la decoración roja de guerra.

En los muros de la ciudad moderna es donde se produce la variante del postgraffiti que se desarrolla orgánica y libre en su toma de postura. Lo que es a nuestro parecer una suerte de nuevo fenómeno piloso autoconsciente de la propia ciudad. No ya, nunca más, repeticiones autocomplacientes de writers con sus firmas territoriales o pegatinas auto-publicitarias. Porque el postgraffiti de hoy en día es el nuevo arte de la quinina urbana: es una toma de postura pública que se hace consciente de forma profundamente personal pero actuando para satisfacer un solitario impulso de exposición pública, "bruta" y outsider. Es en ese límite escenográfico donde nacen las propiedades analgésicas del nuevo arte urbano. Es en esa dirección donde la ciudad peina su nueva imagen indefinida y orgánica.

¿Y por qué producimos quinina urbana? La quinina o chinchona, C20H24N2O2 es un alcaloide natural, blanco y cristalino, con propiedades antipiréticas, antipalúdicas y analgésicas. Nuestro cuerpo posee quinina en concentraciones elevadas en pelo y uñas...es decir que, con un libre ejercicio de imaginación, que bien podría estar a medio camino entre el urbanismo y la moda, podemos asegurar que nuestro hogar y complementos naturales son y están gracias a la quinina. ¿Y por qué no peinarlos, cortarlos o habitarlos? ¿quizás conquistarlos?"...

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